viernes, marzo 03, 2006

YO SÉ DE UN PINTOR GIGANTE

"Homenaje a Martí"
Obra que integra la colección
Yo sé de un pintor gigante expuesta
con motivo del aniversario 150
del natalicio del Apóstol

lunes, febrero 13, 2006

DE LA SERIE: LO OCULTO

Lo oculto X

LA TIERRA PROMETIDA DE CALVO

Palabras de presentación de la exposición Instintos del Monte
Por Eusebio Leal Spengler
Historiador de la Ciudad
3 de Diciembre 2004



Es sumamente grato poder en el día de hoy, realizar la apertura oficial de esta preciosa muestra que bajo el titulo Instintos del Monte reúne una selección muy preciosa de su obra.
Quisiera también decirles la intensa emoción que nos causa en la soledad de esas horas cuando todavía no se había realizado el acto inaugural de no solamente ver, sino de penetrar en el universo secreto y misterioso de su trabajo. En el indudable preciosismo de su obra como artista en el sentido mas exacto y mas profundo de la palabra.

Precioso no solamente en la forma sino en el fondo, precioso en la búsqueda de ese retrato verdadero de lo que somos o fuimos tras el cual la humanidad vaga desde el paraíso que tuviese en Palestina o en África hasta hoy, y esa búsqueda de lo real y de lo exacto pasa por nuestra conciencia actual de que ninguna explicación de lo cubano será nunca cierta si prescinde equivocadamente de verse cara a cara con el mundo africano, quiere decir también con el mundo cubano, esa explicación de la realidad no viene solo de un llamado de la sangre, sino de una apelación intensa de la cultura, por que esa cultura desde el momento en que el país se convirtió también en la tierra de otros y no solamente de los padres iniciales, los indígenas que desde isla en isla descendieron desde el Amazonas sobre las cuencas del Amazonas y el Orinoco hasta las antillas mayores y se detuvieron aquí ante la inmensidad del golfo.

RAFAEL M. CALVO Y SUS INSTINTOS DEL MONTE

Por NANCY MOREJÓN
Premio Nacional de Literatura 2001



El pintor Rafael M. Calvo lleva en su sensibilidad un camino que se bifurca en dos islas o, más bien, que ha querido situarse --por elección y por derecho propio-- en una suerte de balancín mecido entre una isla inmensa (Cuba) y una isla breve (Isla de la Juventud). En ese espacio prometedor --rodeado de ensueños por todas partes-- asoma su buena cabeza un arte tan original como conmovedor, tan fino como taciturno, pues lleva en su entraña aguas y máscaras lavadas, en un magistral juego de luces y sombras, asentadas todas en tierras que el artista junta para nosotros que venimos desde muy lejos, como su oficio ha declarado con tanta hermosura en esta muestra.

Instintos del monte es un surtidor de espíritus ancestrales, de fuerzas telúricas, invocadas a través de un pincel y un carboncillo, que recrean un ánimo de bronce, como nuestro carácter, volcado hacia el hallazgo de nuevas formas cuyo emblema es cantar a la liberación más natural de los componentes integradores de la cultura cubana. Este pintor, en su comunión con lo cotidiano de su isla breve, anduvo entre estudiantes africanos y sus rostros lo acompañan, desde entonces, con la misma eficacia con que los cubistas del siglo pasado se detuvieron ante el ejemplo enriquecedor de las esculturas bambaras cuya existencia misma cambió los rumbos del arte europeo para siempre.

INSTINTOS DEL MONTE (Galería)



Mensaje de solidaridad humana e igualdad racial

Por Eusebio Leal Spengler
Historiador de la Ciudad



Nota aparecida en el catálogo de la exposición Instintos del Monte
 Gracias a la obra de este joven artista cubano, podemos trasladarnos a esa latitud del mundo, desde donde llego hasta nosotros una legión de etnias, dialectos, costumbres y cultos; en fin, una vasta humanidad africana volcada sobre el Caribe, transformado en una nueva Caldea, en un nuevo Mediterráneo, donde se mezclaron culturas y civilizaciones, y en la obligada pila bautismal, los nombres de Pedro, Juan Antonio o Bartolomé se fusionaron con los apellidos Fula Mandinga, Congo, Carabalí…

INSTINTOS DEL MONTE

Por Argel Calcines
Editor General de Opus Habana


Oriundo de la pequeña isla donde nadie envejece, tiene Rafael Calvo (Klvo) su mente todavía llena de ideas discordantes, de sueños que lo llevan -una y otra vez- a buscar la sabiduría en el continente donde nació la especie humana.
Había pensado desde niño en esa gran aventura, «en descubrir lo verdadero -según sus propias palabras-, pero pensaba en todo eso cuando ya no había más remedio: ellos llegaron primero…» Miles de adolescentes negros cruzaron el océano a partir de 1977 y, como si se hubiera cumplido un designio, África emergió ante sus ojos como parte de aquella islita cubana.

No necesitó entonces el joven artista cruzar el Atlántico para viajar por Angola, Mozambique, Namibia, Etiopía, Congo, República de Guinea, Guinea Ecuatorial, Guinea Bissau, Guinea Conakry, Sudáfrica, Cabo Verde, Ghana, Benin, Malí, Lesotho, Sudán, Zimbabwe, Burkina Faso, Uganda, Burundi, Madagascar, Sierra Leona, Níger…